12 semanas: LA visita

Cuando te quedas embarazada, la visita del primer trimestre es la que más eterna se hace, porque parece que no lleguen nunca esas doce semanas. Pero llegan. Y el día de anterior a la visita se te hace interminable también porque no pasan las horas. Pero acaban pasando.

Hoy hemos ido a la ansiada visita con todos los papeles en la mano (recuerdo mi experiencia catastrófica en el anterior embarazo cuando fui a la misma visita). Primero nos ha visitado una matrona, que me ha pesado, me ha tomado la tensión y ha alucinado pepinillos porque en mi libro de embarazada no ponía que llevo gemelos (para variar, me dejé el libro en mi anterior visita a la matrona del centro de salud). Me ha enseñado los análisis del primer trimestre y todo correcto, pero hay que repetir la prueba de la glucosa y ver que no me paso de los límites.

Después de esperar un rato, nos ha atendido el ginecólogo junto a dos estudiantes (qué rabia me dan, lo siento por ellos, pero no me gusta ser observada por tantos ojos). Un chico y una chica jovencitos que miraban el ecógrafo con ojos como platos. El ginécologo ha empezado diciendo «El de la izquierda…» y yo le he parado «¿es chico? ¿es un chico?» como una loca. Risas en general y el ginecólogo me ha dicho en broma que, de lo que iba a decir desde entonces, no hiciera ni caso. Me han traicionado los nervios. Ese «el de la izquierda» se refería al feto. Ya sé que en la 12 no se ve nada, pero me ha traicionado el subconsciente o vete tú a saber…

Y después de todas las mediciones, me ha felicitado porque están muy bien, con sus traslucencias nucales correctas, sus huesos bien formados, sus corazones latiendo… Y nos ha dejado verlos un ratito, aunque solo se ha dejado el bebé más «tranquilo», porque el otro se escondía. Es algo excepcional. Todavía me parece mentira que se estén formando dos vidas ahí abajo, dos corazones, cuatro piernas, muchísimos dedos… todo eso ahí dentro. Y yo sin sentirlo, oigan.

Estoy realmente emocionada. No sé qué pasará de aquí a julio, pero toda esa tensión que he acumulado estas navidades por temor a que pasara algo se ha esfumado al ver la pantallita.

Ahora mismo, en este momento, soy FELIZ. Y punto.

Os enseño mis polluelos, tan pequeñines y frágiles pero tan grandes ahora mismo para mí. El de la izquierda viene a ser el rebelde que no se dejaba ver. El de la derecha se ve mejor. Ayyyy, qué monosss…

mellis

Saludos

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