El parto (II)

Seguimos en el hospital. He comido, estoy con Papá Alternativo, las contracciones no son tan dolorosas… Así que pasamos la tarde entre Candy Crush, whatsapps y redes sociales. Solo la familia sabe que estamos en el hospital, pero tienen terminantemente prohibido acercarse al hospital hasta que nazca Bebé Alternativo. Nadie puede hacer nada, así que no quiero a nadie pululando por ahí. Ni a mi madre…

15.00 (aprox., no me acuerdo de q hora era)

Me hacen otro tacto y, como sigo de 2, me ingresan y me dan pulserita del todo incluido. Tengo habitación propia para no tener que estar en los boxes tanto rato, lo que me relaja un poco. La cosa va para largo, pero si no duele, estoy tranquila.
Nos vamos a la habitación, pelota de pilates incluida, y nos relajamos. Las contracciones siguen viniendo pero soportablemente. De vez en cuando tengo que aparecer por monitores y me controlan. Nada.

20.15

Las contracciones duelen un poquito más. En una de ellas, que me pilla en la cama, estando yo respirando para superarla, noto un bufff interior, como si pincharan un globo de agua dentro de mi útero: HE ROTO AGUAS. Me da por reír, porque es una sensación agradable. El chorrazo que salió era calentito y me impactó tanto el bufff como el líquido. ¡¡¡¡Vámonos a dilatación, compresote entre las piernas incluido, que la cosa se pone interesante!!!

22.00

Dilatación mode on, pero todavía muy lenta. Yo pensaba que iba a ser rápido, sencillo y para toda la familia, pero se ve que tengo lento hasta el cuello del útero. En fin. A cada contracción voy apretando algo, por si ayuda. Me mandan a la habitación. Me preguntan si voy a querer epidural y digo: todavía no lo sé, depende de cómo vaya…
En la habitación, noto como cada contracción duele más y más. Las respiraciones ayudan poco, la pelota me calma poco y pasear por el pasillo menos… Le digo a Papi Alternativo que voy a dejar de hacerme la valiente, a la que vuelva al box voy a rogar que me pinchen cual toro de lidia porque no creo que lo aguante.

00.00
Volvemos al box de dilatación. Tacto. “Por favor, hazlo despacio, que me duele…” BLA BLA BLA. Cada persona que me hurga ahí abajo hace lo que le da la gana excepto una enfermera andaluza muy salá que lo hizo con mucho tacto (valga la redundancia). Estoy de 3-4 cm, la cosa se ha animado, así que pido que me pongan la epidural, que no aguanto, y que venga ya el anestesista. Los boxes de dilatación están en silencio, ahora soy yo la escandalosa que respira y sopla como si no hubiera mañana…

Viene el anestesista (el tiempo se me hizo eterno hasta que llegó) y le digo si ya me va a pinchar y me dice que antes tiene que informarme de bla, bla, bla, bla, bla… Solo pensaba en la aguja y en lo que vendría después, quería que aquel dolor se aliviara, porque no aguantaba más, así que firmé como pude aquel papel y me dijo que volvía dentro de poco para calmarme.

No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que vino un celador a subirme a la silla de ruedas, yo me subí entre contracción y contracción como pude y me recliné hacia el lado izquierdo (parece que así se me calmaba un poco). “No corras, por favor, que tengo contracciones muy fuertes”, acerté a decirle. Y él me contestó: “¿Si paro vas mejor?” Y yo afirmé (a estas alturas, no sabía ni lo que decía). El pobre celador paró un momento y, al ver que me quejaba igual, siguió hasta el paritorio, donde me iban a pinchar.

Papá Alternativo no pudo venir conmigo, y eso le dolió, porque tanto matasano junto no es muy fiable, pero bueno. Allí estaba yo, intentado pasar de la silla a la cama. Cuando las contracciones me daban tregua, avanzaba. Pero cuando me dolía, hacía parar a todo el mundo.

Una vez en la cama, me hicieron sentarme con las piernas como un indio (así se abre más el espacio entre vértebras y es más fácil pinchar) y bajar los hombros y la cabeza. Lo de cruzar las piernas me supuso una odisea: la izquierda la tenía doblada, pero las contracciones no me dejaban doblar la otra… Parecía un tentempié. Si la doblaba, mi cuerpo se vencía hacia la izquierda. Me reía de mí misma interiormente, la situación era bastante cómica, pero los dolores me nublaban el sentido del humor.

Me pincharon y me devolvieron a la sala de dilatación. Poco a poco, se me calmaban las piernas, pero las contracciones seguían dejándose sentir. Más leves, como al principio, pero se notaban.

Son las 01.15 del domingo.

To be continued…

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5 pensamientos en “El parto (II)

  1. Termina la historia que me estoy poniendo a parir otra vez y eso je lo mío fue cesárea!!! Te leo y empujó y empujó …. 😂😂😂😂

  2. Nos dejas en lo más interesante con la intriga… Conforme iba leyendo, iba también apretando/soplando jajaja. Eso tiene que doler muuucho.
    Espero leer prontito el desenlace con final feliz.
    Un abrazo.

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